Estoy convencido que para los componentes de nuestro coro, Cantoría Hipponensis, todos los conciertos guardan, esconden y el tiempo se encarga de ir acumulando en el fondo del alma de cada uno, recuerdos, notas musicales de sonoridad insospechada y bueno …, para que seguir enumerando sentimientos y vivencias, si el silencio musical tienes más sonoridades diferentes que una cascada y el recuerdo y la evocación  es un mundo sin fronteras y que no se puede traducir ni transcribir.  

Un año más, Cantoría Hipponensis en su Parroquia, Cristo Rey, ha celebrado su Misa y Concierto navideño, preludio de unas fiestas de tan honda tradición familiar en nuestro entorno. En las bóvedas de templo han vuelto a sonar los acordes de la Misa en Do mayor de Charles Gounod, la polifonía siempre solemne de Tomás Luis de Victoria y las melodías sacras y explosivas de G. F. Haendel. Pero sobre todo han sonado los villancicos. Un canto sencillo, simple, íntimo y que resaltan la Navidad, al Niño Dios, a María y que siempre realizan ese viaje soñado – milagros de la música navideña – de volver hacia una infancia pero con raices profundas y mágicas.

En el concierto de esta año, he podido escuchar estrofas navideñas al ritmo del villancico andaluz “Los campanillero”, pero sin el tintineo del triángulo ni el ritmo de la pandereta – perdón Señores  Alfonso y Bonet  que rezaban asi:

Cantoría es un coro humilde

Que en la Navidad canta al Niño Dios

Y a pesar de los muchos ensayos 

Solo conseguía hacerle llorar.

Pero quiso Dios: 

Que el esfuerzo y la Señorita 

Logren del milagro de verle sonreír”.

 

Y sobre todo, he sentido un escalofrío musical que ha recorrido todo mi ser interpretando un villancico eterno, sin letra, sin música, pero con más besos y flores que nunca, por Mariana nuestra sorprano ausente y que ha dejado en mi alma “un no se qué que queda balbuciendo”. 

Y próximo año las bóvedas de nuestra Parroquia volverán a escuchar nuevos villancicos, nuevas melodías, nuevos acordes, nuevos … Per dejemos las cosas sin detallar porque “así es la rosa” y no conviene deshojarla antes de tiempo.

 

Juan José Davalillo

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