La cosa empieza con seis páginas de citas, a cada cual mejor, que el autor ha ido espigando por la historia social, política, religiosa, económica, policial, y un etcétera tan largo como el lector disponga. No hay que saltarse esas páginas. Son enormemente ilustrativas.

Arranca el texto de la obra por la más antigua de nuestras referencias históricas que dice así: “Iberia significa tierra de conejos”. A partir de ahí, el autor sigue descubriendo muestra forma y manera de ser; y cómo se veía ya en la Antigüedad y cómo se ve reflejada  a lo largo de la Historia, hasta llegar a los buenos tiempos en los que triunfa la democracia. Ahí se detiene la cosa.

No obstante de vez en cuando nos traslada a la actualidad más rabiosa con una mirada un tanto sorprendente y sorpresiva: “¿Le suena a usted algo de esto?” y, a lo mejor, está hablando de los visigodos.

Reconozco que a la obra le falta un poco de azúcar. Creo que peca de negativismo, claro que pensando y repasando la historia de nuestro país no hay motivos para muchas alegrías y más si se escribe en unos momentos de baja como los que están cayendo desde hace casi diez años a esta parte.

La obra es una compilación de artículos escritos para el suplemento dominical XL Semanal de modo que en 92 capítulos se completa la cosa, pero recuerde, amable lector, son sólo 246 páginas. Añadamos que no se trata de una obra sesuda y repensada. Eso ya está hecho por otros y por eso el autor toma otros derroteros: contar lo mismo pero desde el humor aunque éste sea un tanto negro y ácido. Pero ¿cuántas alegrías puede uno sacar de entre las páginas de nuestra historia? No se trata de que Pérez-Reverte tenga razón o no; se trata de que hasta la más rabiosa actualidad le da la razón y más aún si el lector tiene alguna idea de la historia de nuestro país. “Porque sin conocer lo que fuimos, seremos incapaces de comprender lo que somos” se escribe en la contraportada y yo añado que habrá que trasladar esta Historia de España  a los móviles a ver si así la gran masa de españoles se entera de algo para que “ser lúcido en España no lleve aparejada tanta soledad y tanta desesperanza” como se comenta en otro pasaje de la contraportada.

Afirmo que es una obra cómoda para ser leída por cualquier lector. Los capítulos cuentan con una extensión de una y media a dos páginas, como mucho, y el lector puede, en cualquier momento, suspender la lectura sin problema alguno de memorización (¿por dónde me había quedado?) pues el capítulo siguiente es tema nuevo. Además, hay que añadir que el tema, tal y como está contado, agarra de veras.

Y por mi parte nada más. Que usted se lo lea bien y disfrute, de veras, con la lectura y, ya de paso, saque sus propias conclusiones.

Juan J. Calvo Almeida.

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