Cuando terminé la lectura de este libro pensé, por un momento, que se trataba de un libro de actualidad. Indudablemente que entre el Londres de Camba y el actual ha habido cambios, pero el lector no los percibe atento como está al retrato del individuo y de la sociedad inglesa con los  que se  tropezó el autor en 1.910, cuando fue destinado a la capital inglesa como corresponsal del diario El Mundo. Una nueva estancia en 1913 le daría la necesaria perspectiva para escribir esta maravilla llena de humor y buen hacer literario.

Ha pasado más de una centuria desde entonces y el Londres actual se empeña en darle la razón al autor. Lo visto y expresado por él en su obra sigue siendo tan humorístico y válido como entonces, pero bajo ese humor se esconde un agudo análisis del individuo y de la sociedad inglesa de entonces que, a decir de los entendidos, parece que apenas ha cambiado. Siguen siendo tan “ingleses” como entonces. El guardia urbano, la cerveza, la niebla, el Támesis, la comida, las chimeneas, el tibio sol, el baño, la mujer inglesa, la moda, el teatro y su público, los teléfonos, los derechos políticos, el carbón… Podría seguir añadiendo temas hasta completar el amplísimo temario de cuanto llamó la atención del autor en su estancia londinense.

Pero J. Camba hace algo más que describir sensaciones, situaciones y contrastes; de cuando en cuando hace incursiones desde Inglaterra hacia otras naciones (España no podía faltar a la cita) y compara estos estados o países con la Inglaterra postvictoriana. En estas comparaciones nos demuestra, sobre todo cuando se fija en España, el total conocimiento que de los españoles tenía y, unas veces queriendo y otras sin querer, nos retrata tal como somos.

El lector acaba por ver la sociedad española de entonces y la de ahora a través de la inglesa, al tiempo que sonríe, con un pelín de tristeza y comprueba que los ingleses nos ganan por muchos puntos. El lector español se ve obligado a hacer un pequeño examen de conciencia sobre nuestro estado actual sin necesidad de fijarse mucho o poco en el mundo inglés.

Cada reportaje es tan individual y tan personal que podríamos barajarlos  y disponerlos con otra numeración u orden. Y ahí reside otra de las gracias de este autor, quien en esas páginas crea una especie de obra de arte literaria tomando como modelo cualquier asunto inglés de lo más banal. ¿Acaso sólo dice cosas buenas de los ingleses? Todos los extremos son viciosos y, por ejemplo, el perfeccionismo inglés, al pasarse de la raya, cae un tanto, o un mucho, en el ridículo y eso ya no es tan bueno o saludable. El lector español recapacita y piensa que un poco del exceso de niebla londinense, por ejemplo, nos vendría muy bien a los españoles en pleno agosto. Y lo mismo ocurre con la cortesía, la educación, la lectura de un libro o un periódico…A veces el autor expone estas ideas directamente, otras lo deja entrever y las más de las veces es el propio lector quien saca sus propias conclusiones aunque sólo sea para sus adentros.

Atreverse con este libro es un auténtico ejercicio mental y un acto de reflexión porque, las más de las veces, nos cuesta recapacitar sobre temas nuestros y nos pasamos de optimistas cuando la realidad es otra. Leer a J. Camba es aterrizar en nuestro día a día y comprobar  la ignorancia  que circula por nuestras ciudades y pueblos.

Atrévete, amigo lector, con este Londres tan especial. Te prometo que te gustará. ¡Palabra de lector!

                                                                                   Juan J. Calvo Almeida.

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