La novela se basa en hechos reales ocurridos durante la 2ª Guerra Mundial y en el marco geográfico de la bahía de Algeciras, la misma Algeciras y el Peñón de Gibraltar.

Un equipo de submarinistas del ejército italiano ha recalado en la bahía y puerto de Algeciras dedicándose a la “noble” tarea de hundir barcos ingleses de cualquier índole y condición, ya sean barcos de guerra o mercantes que transporten abastecimientos para la metrópoli. Las actuaciones de este grupo se centran tanto dentro como fuera de la bahía de Algeciras y puerto de Gibraltar. 

El hecho no entra dentro de la sección inventiva del autor pues es historia pura, aunque poco conocida como el mismo autor nos refiere.

El autor parte de unas entrevistas conseguidas en Nápoles y Venecia a dos miembros de aquella gesta naval y cuyo contenido se incluyen en la novela como parte del relato y como realidad histórica.

Basándose en un relato familiar de los hechos y en los testimonios antes citados, P. Reverte construye todo un relato a base de investigar también en fuentes inglesas y libros de memorias de personajes implicados en la acción bélica y presentes en el Peñón. Por todo ello la novela pertenece al género bélico e histórico.

Pone el autor toda su imaginación en rellenar los huecos del relato con una maestría digna de la mejor pluma. Son muy ilustrativos los mapas del entorno geográfico y más para la mayor parte de los posibles lectores que, como el presente, nunca hayan estado en esa zona del territorio nacional.

Cuesta, no obstante, entrar en materia pues apenas asoma la emoción hay un cambio de tercio impuesto por el autor. Los primeros capítulos se hacen un tanto lentos y pesados para luego ir tomando carrerilla y coger velocidad hasta llegar a la gran “traca” final. Es entonces, en ese momento en el que el autor acelera, cuando el relato suelta lastre y el lector se anima para no soltar el libro hasta su finalización. Pero toda esta, llamémosla segunda parte, no podría darse sin el concurso de la primera, como es lógico. Por tanto, el lector deberá “tragarse” la parte árida para poder gozar y disfrutar de la segunda, cosa lógica.

Como en otras ocasiones la ágil pluma del autor se pasea por las páginas   demostrando, una vez más, que es un auténtico maestro de la narrativa.

Quizá habría que decir algo al respecto de la coprotagonista femenina que, junto al elemento masculino de la historia, conforma el grupo de héroes “anónimos” de la segunda catástrofe mundial.

                                                                                 

                                                                                   Juan J. Calvo Almeida.

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