Que  Clint Eastwood lleva el cine en la sangre se demuestra en esta cinta con su parte social, su parte aventurera y su pizca de actualidad y denuncia, que ya no es tanto. Esto último, la pizca de actualidad y denuncia, se refiere al tema “droga”. ¿Cuántos años llevamos con el tema a cuestas?

La aventura es la que corre un anciano, quien por mor de internet ve arruinado su negocio de cultivador de flores y se ve en la necesidad de aceptar el empleo de transportista de envíos de droga, o sea, se transforma en una “mula” o en un “camello”, que se dice por estos lares.

Otros asuntos se intercalan en este su nuevo cometido y tocan el aspecto social. Con todo hay momentos de cierta pesadez, como son los viajes, cosa que se salva a base de música, paisajes diversos, y hasta un encuentro con alguien que depende del móvil para cambiar una rueda pinchada. Lo inútiles que podemos llegar a ser dependiendo tanto del móvil y del dichoso internet.

El film no se priva de momentos más humanos que afectan al protagonista: la muerte de la esposa, la boda de la nieta, el enfado con la hija, el reconocimiento del valor de la familia ante su propio pasado y presente los cuales demuestran su fracaso. También aparecen “ciertas señoritas” que, sin llegar a la obscenidad, animan un tanto esos pesados viajes por varios estados de la geografía americana, lo que queda muy bien o muy mal según la mentalidad del espectador.

El mismo Clint Eastwood no ha necesitado mucho maquillaje para representar su personaje, el de un anciano, pues cuenta en la actualidad con 89 años. (Ha corrido ya mucha agua desde los primeros films de aventurero en el Oeste o de policía duro en San Francisco y Nueva York). El personaje deja a las claras la situación física de la persona. Y siendo tan mayor se atreve  a posar ante las cámaras con el papel de protagonista y el trabajo de dirección, amén del de productor. Sólo le ha faltado cargar con el trabajo del guionista que corre de la mano de otra persona (Nick Schenk) y que está inspirado, el guion, en artículos periodísticos de Sam Dolnick, basándose en la realidad, para el The New York Times.

Es posible (el tiempo lo dirá) que ésta no sea la mejor cinta de Clint Eastwood. Que las tiene mejores, cierto; pero no por ello hemos de quitarle méritos a la presente. Ni todos los cuadros de Sorolla tienen la misma genialidad ni todas las obras de Cela tienen la categoría de Premio Nobel de Literatura.

– ¿Qué habría que profundizar más sobre las drogas?

Creo que ya está todo dicho sobre ellas y no hay que darle más vueltas al tema pues se está volviendo un recurrente como el Wéstern y ya no aporta nada salvo el lucimiento de los actores.

– ¿Profundizar más en las relaciones familiares?

La película se alargaría muchísimo y perdería interés por aburrimiento del espectador.

Al menos habremos de conceder al actor-director el mérito de hacer una película de cierta calidad aunque no llegue a la altura de obra maestra. De éstas hay pocas en cada director, no lo olvidemos.

Juan J. Calvo Almeida.

 

Shares