Carlos Gardel, en el popular tango titulado “Volver” afirmaba:

…”sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada …”.

Y yo me imagino, que si para el popular tanguista “veinte años no es nada”, ¿que pensaría si le pudiéramos preguntar que son para él quince años, los datos, que exactamente al comenzar este nuevo curso coral, hace que Cantoría Hipponensis surgió al mundo coral de nuestra ciudad de Valencia por el impulso y la ilusión de un grupo de personas amantes de la música polifónica? La respuesta os la podéis imaginar. Sería un calderón silencioso eterno. 

Pero, lamentando contradecir al maestro del tango, quince años son y han sido mucho para Cantoría Hipponensis. Son una responsabilidad, al mismo tiempo que un foco de permanente orgullo, satisfacción y alegría de todos los componentes y de su directora. Así son los contrastes de la vida. Una responsabilidad preñada de momentos inolvidables; una confirmación de que el lema agustiniano – “un solo corazón y una sola alma” – sigue siendo el ceñidor de la unidad; una lectura magnifica – “siete notas mágicas”,  habla el compositor Juan Pardo -, de que el caminar musicalmente te hace llegar y te encamina hacia lugares donde nunca la imaginación pudo soñar y donde todo es posible. Todo, sÍ; todo es posible: lo fantástico y lo quimérico; lo inimaginable y lo terriblemente vulgar. Así es el mundo de la música y así es de apasionante este mismo mundo donde todo es igual y todo es diferente al mismo tiempo y en un solo compás.

Todo ello hace posible que en este inicio del Curso Coral 2019-20 y ante la efeméride de quince años de existencia coral, hagamos alguna reflexión guiados por el pensamiento de plumas significativas. 

Richard Wagner afirmaba: “Creo que quien ha disfrutado con los sublimes placeres de la música, debería estar eternamente adicto a este arte supremo, y jamás renegará de él”. La música tiene una atracción fascinante. Lo cierto es que nadie puede quedar indiferente ante un fragmento musical. Pero al mismo tiempo la música, como poseedora de unos principios universales, es tirana en su exigencia. No quiere medias tintas; no le gusta, el sí y el no; no sabe navegar entre dos aguas; requiere y exige un esfuerzo continuado; requiere una responsabilidad firme frente a cualquier devaneo del aplauso fácil; requiere un saber estar a las duras y a las maduras: En definitiva quiere un volcarse en los momentos más difíciles y pesados – me refiero a los ensayos cotidianos – e igualmente quiere y requiere la presencia de todos en los escenarios más variados. Dicho brevemente: la música es lucha permanente en la superación, en el esfuerzo, en el silencio , en la dura brega del martillear en el yunque silencioso un compás tras otro. 

Después de lo anteriormente dicho, que Tchaikowski afirmara: “En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco”, me parece una conclusión lógica y terriblemente fascinante. La música, eso dice el refrán, “amansa las fieras”. La música tiene cualidades para sublimar lo cotidiano, dar luz allí donde la oscuridad parece producirse y, como la vida misma, es dura, agotadora y estresante. Poderse tomar estas píldoras musicales no deja de ser un alivio ante tanta sin razón, a tanto disparate existencial, a tanta lucha entre el ser y el existir. 

Cuánta razón tenía Michel Montaigne cuando se expresaba afirmando que “no hay nada más destacable en Sócrates, que el hecho de que encontró tiempo, cuando ya era un hombre viejo, para aprender música y aprender a bailar, y creyó que era un tiempo bien utilizable”. La música no tiene edad y nunca es tarde para dedicarle algunos momentos de nuestra vida. Ella va saber poner un poco de dulzura donde hay amargura y un poco de amor donde,  a lo mejor, no hay tanto. Todo el tiempo dedicado a la música – una vez cubiertas nuestras obligaciones cotidianas – seguro que nos dará unos intereses más que rentables en nuestro quehacer cotidiano. 

Y no quiero acabar este comentario al inicio del Curso Coral 2019-20 y la efeméride del XV Aniversario de Cantoría Hipponensis, sin aludir a la idea del poeta Amado Nervo que decía;: “Solo hay tres voces dignas de romper el silencio. La de la poesía; la de la música y la del amor”. Efectivamente, el silencio hay que saber romperlo con algo tan importante o más que la concentración interior, que la meditación profundo del auto-convencimiento de solo se puede romper con un valor tan digno o igual que él, y ahí es donde aparece la música, porque la música es – una contradicción más – paz y estallido; quietud y agitación; adagio sostenuto y adagio vivace.

 

Y tras estos punto reflexivos comunes y siguiendo la idea de que “sugerir es el arte”, ¿no se atrevería Cantoría Hipponensis en montar en el patio del Colegio Santo Tomás de Villanueva, allá por el mes de mayo o junio, un concierto especial, utilizando el rico folklore musical de nuestra regiones o,  para facilitar el aprendizaje de nuevas canciones – además de utilizar los medios técnicos ya en uso – que nuestra directora hiciera una grabación de cada cuerda y se pasara a los interesados o incluso acentuar la búsqueda de nuevos miembros corales o la creación de Cantoria Hipponensis Junior con la debido consentimiento del que corresponda?

Ni afirmo,ni niego de lo dicho anteriormente es simplemente una sugerencia creo que factible.

 

Así pues, feliz XV Aniversario, Cantoría Hipponensis. Y adelante, que el camino es duro, pero siempre hay alguna flor escondida que nos llena de perfume y ternura en cualquier recodo de camino.

 

Aún sigue siendo verdad lo de que “se hace camino al andar”.

 

Juan José Davalillo

 

 

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