Este espectador desinteresado y poco entendido en asuntos musicales, pero al que le gusta la calidad, presenció y disfrutó con el concierto del domingo día 15 de Dic.

Comprobó que el coro CIM de Benimaclet se perdía un tanto en el volumen de la iglesia de los Stos. Juanes. Las voces se perdían un tanto en el interior del templo. No cantaron mal pero el coro se quedara apagado, como si necesitara mayor masa coral, que era en realidad lo que les ocurría, para resaltar el trabajo realizado.

Fueron 8 piezas bonitas pero un tanto, o quizá demasiado, conocidas. Ese factor le restó brillantez a la actuación, por otra parte muy meritoria, todo hay que decirlo.

La segunda parte resultó otra cosa. De entrada, el programa ya avisaba de que eran 10 piezas muy novedosas, al menos para este comentarista, si exceptuamos la última (We Wish…) pero que no desentonó del resto dada su brillantez musical.

Pero hubo más. Acomodado el oído al coro anterior, el sonido de Cantoría H. resultó un “empujón” que impactó desde el primer momento. Se hizo un silencio intenso; se notaba una atención fija en el coro Hiponensis hasta el punto de no oírse ni una tosecilla, ni un taconeo, ni un estornudo, ni el golpecillo de algo que se cae, ni un susurro… Cantoría concentró tanto la atención que consiguió algo bastante poco frecuente: no se movía ni una cabeza, fijas las miradas en el coro y hasta los fotógrafos se sentaron. El silencio “pesaba” en el ambiente y entre el público. Las voces de Cantoría sonaron con “autoridad”. Fueron momentos únicos.

No sé cuánto habrá tenido que pelear la directora – Inmaculada Burriel – para conseguir lo oído y visto en los Stos. Juanes, pero he de decir que le lució la faena a ella y al coro.

Si ya es difícil superarse, créeme amigo lector, que esta vez el coro se ha superado respecto a actuaciones anteriores. Será difícil igualar esta actuación y, más aún, superarla.

Mi enhorabuena al coro, a su directora y mis mejores deseos para la próxima actuación.

Juan J. Calvo Almeida. 

 

 

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