Curiosamente conocemos la fecha del inicio de este movimiento cultural en la literatura española: 1.526. Pocas veces se da una fecha como punto de partida de un asunto cultural, como es el caso del Renacimiento. En tal año se produce el encuentro de un poeta español, Juan Boscán, con  Andrea Navagiero, embajador veneciano en la corte de Carlos V. Dicho encuentro se produce en Granada. En aquella entrevista el veneciano invita a Juan Boscán a escribir en castellano “sonetos y otras artes de trovas  usadas por los buenos autores de Italia”. Juan Boscán no hizo oídos sordos al consejo del veneciano y empieza a copiar temas, utilizando  metros propios de poetas italianos, básicamente de Petrarca.

Si éste es el principio, el final se diluye a finales del siglo XVI y principios del XVII. Miguel de Cervantes puede ser el ejemplo de lo que exponemos. Publica “La Galatea” en 1585. Obra totalmente ideal e idílica, renacentista y muy propia de la época de Garcilaso; y frente a ésta se halla el Quijote, obra cuya primera parte se halla publicada en 1.605. Obra totalmente barroca donde los ideales se entrecruzan o chocan con la realidad. El Renacimiento y el Barroco se solapan. Como vemos Cervantes participa de ambos movimientos culturales.

En este mundo renacentista se mueven personajes que han dejado huella; desde el mismo Juan Boscán pasando por Garcilaso de la Vega, Diego Hurtado de Mendoza, Cristóbal de Castillejo, Gil Vicente, los hermanos Valdés, Sta. Teresa, S. Juan de la Cruz, Fernando de herrera y Fray Luis de León, como no podía ser menos, y un largo etcétera.

Este grande y espléndido periodo, llamado Renacimiento, no es homogéneo. Siendo todo el siglo de pleno dominio renacentista se observan dos periodos netamente diferenciados e identificados con los reinados de Carlos V y de Felipe II.

El primer periodo, el del reinado de Carlos V, es la etapa de neta influencia italiana siendo Juan Boscán y Garcilaso las figuras más señeras de este periodo. Pero en 1.559 Felipe II, ya rey, prohíbe la salida de España de estudiantes para formarse en universidades europeas. Las ideas luteranas podían prender en las mentes de los jóvenes estudiantes y, luego, a su regreso a España, difundir esas ideas heréticas entre los miembros de sus estados. Para evitar el luteranismo se cierra la frontera y quien salga sabe que no podrá regresar pues la Inquisición le estará esperando para echarle el guante. Pero con esta medida se corta también el flujo de ideas  con Europa. Nos aislamos. Hecho de nefastas consecuencias  para el pensamiento y la cultura posterior y cuyos efectos todavía hoy se notan: un cierto retraso con respecto a Europa, que G.a D. se halla cada vez más superado.

Y es en esta segunda mitad del Renacimiento cuando brilla Fray Luis. Las ideas de la primera época renacentista decaen, empiezan a pasar de moda y dan paso a nuevas tendencias e ideas que llenarán esta segunda mitad. Estas nuevas ideas podríamos resumirlas así:

* La literatura tiende hacia la ascética y la mística.

* Resurge el Tomismo o Escolástica: reverdecen las ideas de Sto. Tomás, con lo que volvemos un poco a la E. Media. Destacan nombres como Melchor Cano, Soto, Ibáñez, Molina, Suárez… destacadísimos teólogos.

* Mengua el Neoplatonismo y renace la Poética de Aristóteles lo que significa que hemos de tender a lo ejemplar y verosímil arrinconando lo fantástico (los libros de Caballerías) y fijándonos más en la realidad concreta (el Lazarillo de Tormes).

* Y la pérdida de contacto con las ideas europeas, asunto ya comentado.

Esto, en general, porque luego hay de todo un poco y los temas e ideas de uno y otro periodo se solapan.

Dos grupos de poetas dominan el panorama lírico de este segundo renacimiento de las letras en España:

La llamada Escuela Salmantina, de cuyo movimiento literario es líder Fray Luis. Este grupo de poetas no lo conocieron personalmente. Los críticos literarios los agruparon en torno a Fray Luis por tener una temática similar al agustino; quienes lo conocieron directamente no tenían otra consideración por la poesía que un mero “divertimento”. Estos seguidores de Fray Luis son Juan de Almeida y los llamados “franciscos”: Fco. de Aldana, Fco. de la Torre, Fco. de Figueroa y Fco. de Medrano.

La Escuela Sevillana: Es el otro grupo literario capitaneado por Fernando de Herrera. Otros componentes fueron Baltasar del Alcázar, Alonso de Ercilla, Juan Rufo,  Jerónimo de Sempere, Luis de Zapata y  Luis Barahora de Soto.

La primera representa la expresión lírica sobria y austera frente a la segunda, brillante con resonancias musicales, lujo decorativo y efectos de color.

Juan J. Calvo Almeida.

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