Querida Directora y Miembros de Cantoría Hipponensis: 

No he querido dejar escapar estas circunstancias negativas que están causando profundo malestar en todas las masas corales, para desearos a todos vosotros, la niña de mis ojos, – os lo he repetido más de una vez – y haceros llegar mi ánimo, mi entusiasmo y mis mejores deseos para este año nuevo, que a decir verdad, no comienza con muy buen pie, sean merecedores del mejor recuerdo. 

Las aguas del mar coral no están en estos momentos suficientemente calmadas, sino más bien encrespadas, para que la nave del canto coral busque puertos tranquilos donde poder atracar; lugares donde dejar la simiente alegre del canto coral, que siempre da frutos multicolores de ilusión, de amor, de añoranzas y de horizontes diáfanos e infinitos. Pero en estos momentos de noche sin estrellas, sin luna, sin canto enamorado del ruiseñor, es cuando más necesitamos la flor de la unidad coral, el saber levantarse, caminar sin mirar atrás y esperando siempre que en cualquier recodo del camino aparezca un mundo nuevo que hará desaparecer radicalmente todo lo negativo. 

Se muy bien, pues me lo habéis demostrado durante muchos años, que todo es posible con vuestro buen hacer, con vuestra contribución a las directrices de vuestra Directora y Junta Coral y que aunque se os solicite un esfuerzo más, no dudo que os quedan fuerzas y energía suficiente para llevar la nave del canto coral al mejor puerto. 

También quiero animaros, a que una vez pasadas estas circunstancias tán negativas, vuestro espíritu cantor esté pronto para ir contando con nuevos miembros corales que se incorporen a la nave de vuestro coro y sigan remando sin desmayo con la finalidad de que todo siga adelante, porque tras un otoño triste os espera un primavera espléndida, ya que “Dios aprieta, pero no ahoga”. 

Verdaderamente muchas cosas más me gustaría deciros, pero tampoco creo que sea necesario, porque muy bien  se que vuestro espíritu está pronto, dispuesto y es capaz de que el canto coral  sea lo que siempre ha sido en vuestros corazones: una llama de luz, de alegría, de paz. 

Os quiere y no os olvida 

Euterpe

 

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