Una de las canciones polifónicas sacras que Cantoría Hipponensis está preparando para sus próximos conciertos es el Ave María de J. Arcadelt. Y sobre esta composición queremos subrayar y comentar algunas características, no sólo sobre su  estilo musical, sino igualmente sobre su autoría.

  1. Arcadelt – 1504-1568 – probablemente nació en Lieja, ya que no se sabe mucho al respecto de sus primeros años. Sabemos que estuvo en Roma por el años 1535 y que fue nombrado “magister puerorum” y posteriormente “maestro del coro” en la Capilla Sixtina.

En este tiempo publicó un total de 24 Motetes, tres libros de Misas y 126 Canciones francesas y más de 200 Madrigales.

El estilo musical de J. Arcadelt es refinado, puro, melodioso y simple. Y ahora analicemos ciertos detalles para concluir que la denominada Ave Maria de Arcadelt no es de este músico, aunque siempre se le haya atribuido la autoria. 

No cabe duda que el Ave Maria ha sido uno de los textos más musicalizados dentro de la música religiosas y por autores tan prestigiosos como Tomás L. de Victoria, Bach, Schubert, Liszt Verdi, etc… Pero tenemos que afirmar que este texto se utilizó en la Iglesia occidental como texto litúrgico en el s. IV y simplemente en estos términos: “Ave María, gratia plena. Dominus tecum”- Se le agregaron las palabras de Santa Isabel – “Benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui” – en el siglo VII. Ya en el siglo XIV se introdujo el “Sancta Maria, Regina coelis, dulcis et pia, o Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, ut cum electis te videamus”. Y así comenzó a cantarse desde el siglos XV. Es en el s. XVIII cuando se adoptó el texto que actualmente cantamos y con lo que se deduce que fue imposible que J. Arcadelt conociense el texto en su totalidad en una simple revisión de fechas. 

La opinión más actualizada es que se trata de una manipulación de las canción “Nous voyouns que les hommes” de Louis Dietsch y que ponemos a continuación para ver las igualdades.

Asi pues, dejados al margen estos detalle, la canción del Ave Maria de J. Arcadelt bien merece la pena ser cantada, sea él su autor o cualquier otro, que supo magistralmente rehacer la partitura anteriormente citada en una canción sacra.

 

Juan José Davalillo

 

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