CARTA DE EUTERPE, MUSA DE LA MUSICA, A LOS REYES MAGOS
Queridos Reyes Magos:
Hoy, que por estos lares del Olimpo todo está tranquilo, os quiero escribir esta carta para les hagáis llegar mis peticiones a los miembros de Cantoría Hipponensis, que como sabéis, pues además de Reyes, sois sabios y os enteráis de todo, son la niña de mis ojos como yo les menciono muy frecuentemente.
Ya se que llego un poco tarde. Que debería haberos hecho llegar mi carta hace tiempo, pero qué trajín he llevado últimamente con todo concierto navideño me ha impedido un poco de serenidad para haceros mis peticiones para ellos. También sé que estáis de camino hacia tantas partes a donde tenéis que llegar y colmar tantos sueños e ilusiones y no podéis defraudar a nadie. Pero he utilizado mis poderes de musa de la música y os he encontrado descansando en vuestra jaima cerca de un verde oasis. He entrado de puntillas para no cortar vuestro sueño y he dejado mi carta en uno de vuestros sacos. Yo se que les dejareis todo lo que os he pedido porque ellos se han portado bien; han llevado este año el canto polifónico a Archena, a la Basílica de San Vicente Mártir, a Lliria y han hecho correctamente sus deberes dejándome sorprendida por su generosidad en las metas propuestas – Fila O de la ONGD de Villa Nova, cargando con algunos óbolos a la mascota Kuski en su camino a Abancay, etc… etc… – y todo eso hay que recompensarlo de alguna manera.
Mirad, os pido que siempre sepan mirar la estrella como vosotros y que no dejan que se apague su brillo que es una ilusión siempre renovada antes los nuevos retos con los que tendrán que enfrentarse cuando vuelvan al trabajo cotidiano de los ensayos. A veces puede ser duro ir a un ensayo pensando que por faltar un día no pasa nada, que el vecino que canta mejor que yo será capaz de suplir mi ausencia, que ya lo aprenderé en el próximo ensayo y otras miles de posibilidades de querer justificar lo que es pura vagancia o comodidad.
También os he pedido que no se dejen seducir por promesas platónicas, como quería Herodes cuando descansasteis en su palacio y le explicasteis el motivo de vuestro viaje. El seguir una programación ya trazada, consensuada, y elegida por una mayoría tiene la fuerza suficiente para que todos pongamos nuestro pequeño esfuerzo para llegar lo antes posible a esa meta y dejando muy marginado mi punto de vista y hacer piña con el lema tan agustiniano de tener “un solo corazón y una sola alma”.
Si no es mucho pediros, quiero que les dejéis en vuestros cofres el oro de la constancia, forjado a base del trabajo diario, de la responsabilidad sin fisuras, del guardar silencio cuando se necesita, de contribuir a la paz de todos sin que llegue ningún temporal inesperado; el incienso de la ilusión siempre renovada; el incienso que deja el ambiente purificado e igualmente la mira la unidad. Son virtudes que hacen grande a cualquier entidad humana y con ellas se superan las cimas más elevadas y se llegan rápidamente a la meta señalada.
Perdonad que no os haya saludado, pero he preferido dejaros descansar porque sé que aún os quedan muchas leguas por delante y el cansancio – la edad no perdona a nadie, ni a los Reyes Magos – puede que no os haga llegar a vuestra meta a la hora prevista por mi culpa.
No os aconsejo que vayáis rápido, pues vuestros camellos no son bólidos y ya se que siempre camináis con pie seguro sin perder el rumbo que os marca la estrella.
Os quiere.
Euterpe, Musa de la Música

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