XXXVII CARTA DE EUTERPE A CANTORIA HIPPONENSIS Y UN BREVE APUNTE SOBRE EL VII CONCIERTO MOLTO ALLEGRO EN EL ATENEO DE VALENCIA
Queridos componentes de Cantoría Hipponensis:
Hace bastante tiempo que no os escribía, casi casi hace una año – ¿cansancio?, ¿desánimo?, ¿inutilidad de mi reflexión musical? o ¿unas gotas de muchos interrogantes más? – Verdaderamente no lo se, pero no creáis que no me entero de toda vuestra actividad a lo largo del curso.
Los días pasan y aunque parece que todo sigue igual, un coro como masa humana tiene sus palpitaciones y sobresaltos; sus altos y sus bajos momentos; sus amores y desamores y verdaderamente no es oro todo lo que reluce, ni todo el monte es orégano. Lo cierto es que, aunque mi agenda de trabajo estaba muy apretada, con múltiples actos musicales que no quería perderme, procuré en su día, no faltar a vuestra cita del VII Concierto Molto Allegro en el Ateneo de Valencia. Los motivos para asistir eran muy variados: escucharos una vez más, juzgar vuestro programa al que habéis dedicado el tiempo necesario para asimilarlo -al hacer un camino musical por el alma de España representada en sus autonomías- y el motivo último aplaudiros como siempre, porque no olvidéis que sois la niña de mis ojos.
Analizada vuestra actividad musical a lo largo del curso 2011 / 2012  no parece que haya sido un año redondo. Incluso me atrevería a decir en un análisis muy superficial, que no ha sido todo lo redondo que esperabais. Pero creo, que esta visión no es objetiva y es que las dificultades, también han sido mayores. Y conviene analizar o preguntarse: ¿Cuáles han sido esas dificultades? ¿No se programó bien el curso? ¿Qué factores externos han hecho acortar un tanto el tiempo que se tenía programado para cada día de ensayo general? No, no creo que se deba a estas interrogaciones apuntadas, sino a una serie de factores externos – denomínense, presiones, contrariedades, etc…, etc… – que muchas veces hacen que los árboles impidan ver el bosque.
El bosque musical está ahí y por ese bosque musical hemos ido limpiando y cortando mucha maleza, porque nuestro coro aún tiene mucho que aprender, aunque no hayamos talado todos los metros que nos hubiera gustado dejar ya superados. Con lo cual hay que decir que tenemos que tener un programa muy bien diseñado y con el material adecuado para no ir amontonando material musical que la mayoría de las veces ha terminado en la papelera del olvido. Desde Septiembre se tiene que tener bien determinado el número de villancicos nuevos que se van a aprender; con cuales se va a llevar a cabo el programa de  los conciertos navideños; en que lugares se va a actuar e igualmente la fecha exacta para que los miembros del coro tengan una clara programación y en el momento de su participación no se termine haciendo “mutis por el foro”. Y todo esto se puede hacer y lo sabéis hacer.
Lo que si he notado a lo largo del curso musical ha sido una relajación en la responsabilidad colectiva del coro. Y como este punto es una tanto delicado, simplemente voy a seguir el consejo de sugerir – “sugerir es el arte”, decía el poeta – y porque el refrán castellano dice que los trapos sucios es mejor lavarlos en la interioridad por ello no voy a ser detallista. No se puede nunca perder de vista que un coro es un colectivo, no una individualidad. Si hay una decisión votada por el coro, esa decisión se debe respetar por encima de todo. Todas las fechas de actuaciones, reuniones, cambios, etc… etc… se ponen en la Página web. Con tiempo más que suficiente para que con un poco de flexibilidad nos programemos nuestras actividades. En vuestra agenda musical no pueden existir conciertos de primera división y conciertos de segunda y para muchos miembros de coro existe esta dicotomía que no beneficia a nadie. El coro no suena lo mismo cuando estáis casi todos – todos yo diría que nunca será posible, porque no sois robots programados e inamovibles y siempre puede surgir un imprevisto – que cuando faltáis muchos y el concierto solo me gusta por motivos que de momento desconozco y ni quiero saberlos.
En ciertas facetas de la disciplina coral, también os tengo que decir que no se os puede aplicar el lema de “progresa adecuadamente”. Y aquí – voy a citar un poco al voleo – el tema de la concentración, silencio, etc… deja muchos “pelos en la gatera”. También la preparación de piezas en casa sería muy de desear con los medios que me consta se ponen a vuestra disposición: Revisión de partituras, mp3, midis, etc.
“¿Vale la pena este esfuerzo?” cabría preguntarse. Por supuesto que sí vale la pena y debeís aprovechar todos y cada uno de los medios a vuestro alcance para que el trabajo en los ensayos sea menos lento y farragoso porque traéis el trabajo ya iniciado desde casa. Y en este apartado no vale engañarse a uno mismo con muletillas como “no tengo tiempo …”; “llego agotado después del trabajo …”; “ya lo aprenderé en el ensayo …”; “confio en que mi vecino o vecina lo sabe todo …”, etc…  Y es que ante todas esas falsas excusas, siempre está el refrán – esencia de la sabiduría popular y de la experiencia – que dice, “querer es poder”. Se trata simplemente de una adecuada utilización del tiempo y poner un poco de pimienta en lo insípido del trabajo cotidiano para darle un sabor nuevo y mantener la ilusión siempre encendida.
Cuando las situaciones se deterioran – y a veces he tenido esa impresión de vuestro coro – y un colectivo como es una masa coral es incapaz de frenar ese deterioro, se suele buscar un chivo expiatorio. Se dice:  las canciones no me gustan, cualquier tiempo pasado fue mejor, con este sistema no adelantamos, etc…  Como podéis ver no somos nada originales porque la historia se repite y esto del chivo ya lo empleaban hasta culturas muy antiguas que los sacrificaban para frenar los pecados del pueblo. No se trata de eso, sino simplemente de añadir matices como “¿Qué puedo hacer yo por mi coro?” sin esperar a que el coro haga algo por ti y para ti; porque si dialogamos con el hombre que siempre camina a nuestro lado a lo machadiano, pronto encontraremos respuesta y solución a nuestras responsabilidades.
Quizás esta carta os parezca un tanto fúnebre y pesimista. Yo creo que hay que llamar a las cosas por su nombre y soy más dado a cantar aleluyas que a recitar lúgubres responsos. Y nuestro coro, porque lo ha demostrado una y mil veces, es capaz de cambiar lo que se tenga que cambiar, es capaz de enderezar lo que pueda estar torcido, es capaz de caminar con la ilusión siempre nueva del peregrino y es capaz de mirar hacia el horizonte con la perspectiva del águila y no con la visión raquítica del topo.
Vuestro VII Concierto Molto Allegro superó con creces las expectativas que sobre él se habían diseñado. El salón de actos del Ateneo – mereció la pena el lugar buscado para este concierto – estaba lleno, lo que indica que el coro tiene unos incondicionales que os aplauden frente a viento y marea. Es digno de reseñar y de agradecer. La sonoridad de la sala es perfecta y el coro en la primera parte, como protagonista único y destacado, hizo gala de una buena interpretación de las diversas canciones de geografía española y matizó extremadamente los contrastes musicales para dar diversidad y animación a lo que se ha determinado llamar canción popular. Es un programa muy exportable a cualquier latitud de nuestra geografía y pienso – recordad que soy Euterpe, musa de la música – que se debe finalizar con las seis regiones que os quedan completando el programa con un bis que muy bien podría ser la canción “Ojos de España” como broche final a un viaje musical de estas características.
La segunda parte de vuestro concierto – ese ramo de claveles zarzueleros – dió paso a el lucimiento personal de todos las ramas del coro – sopranos y contraltos cantando “Si las mujeres…” -, – tenores y bajos cantando “Por fin te miro … “-, y dando margen para el lucimiento personal tanto de la soprano, Susana Martínez, como del tenor, Antonio Gómez, y la labor pianística del maestro Arturo Barba.
Y mención aparte merece Inma, vuestra directora que es la artífice de todo el programa cuyo trabajo es inmenso, agotador, llevando al coro con maestría y de saber miraros, – a veces vosotros olvidáis mirarla a ella – para impulsaros a la mejor afinación, a la preparación de una acentuación musical o a aterciopelar vuestras voces en un intento de dulzura y embeleso.
Y nada más, queridos componentes de Cantoría Hipponensis, Quizás esta sea mi última carta porque vais creciendo y yo envejeciendo y no sé que deciros a estas alturas del curso musical.
Os quiere,

Euterpe, Musa de la Música.

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