CARTA – CON RETRASO – DE EUTERPE, MUSA DE LA MÚSICA, A LOS REYES MAGOS PARA LOS MIEMBROS DE CANTORÍA HIPPONENSIS
Queridos Reyes Magos:
En primer lugar tengo que pediros disculpas porque ya sé que esta carta llegará con retraso a los miembros de Cantoría Hipponensis. Y no ha sido por vuestra culpa, aunque sé perfectamente la agitación que habéis tenido últimamente, con seguir a la estrella, indagar la correcta ubicación de Belén, darle largas al ladino de Herodes y ya no hablo de cargar todos vuestros camellos con tantos regalos. Y es que las prisas, queridos Reyes Magos, no son buenas nunca y menos en las fechas pasadas. Confieso que llegué tarde a vuestra oficina central del correo para los Magos de Oriente, pese que os visteis obligados a prolongar unas horas vuestro horario ante la avalancha de cartas llegadas en los últimos momentos que incluso os desbordaron.
Pero no importa que les llegue un poco tarde, lo importante es que les lleguen mis deseos, mis intenciones, mis humildes consejos y sobre todo que no se convierta esta carta en humo de pajas, sino en fuerza motriz de nuevas aventuras musicales.
Así pues, hoy quiero que vosotros, que sois seguidores incansables y sin el menor atisbo de desmayo de una estrella, les repitáis una y otra vez a la niña de mis ojos, Cantoría Hipponensis, el sabio y maravilloso consejo de Publio Siro: “la decisión alimenta el coraje; la duda, el miedo”.
Tienen un programa musical por delante, nada fácil: Interpretar algunas obras de W. A. Mozart – Seis nocturnos, Misa de la Coronación, KV 317, Sancta María, Mater Dei, KV. 273, Tantum ergo, KV. 197, por citar algunos títulos – como meta musical de este año.
Es toda una decisión y el coraje, la responsabilidad, la concentración en cada ensayo, tiene que ser que ser la nota constante de su quehacer para dosificar esfuerzos, incrementar la paciencia y aumentar la tranquilidad a todas las cuerdas y especialmente de la directora de Cantoría Hipponensis, que por supuesto, va a necesitar una fuerte dosis de estos fármacos al ponerse al frente del atril en cada ensayo.
Que no sobrevuele sobre las cabezas de los miembros de Cantoría Hipponensis la duda de que no somos capaces…, que el programa peca de ser excesivamente clásico… de que la abuelita de la primera fila – perdón abuelita anónima de la primera fila – va a bostezar como si fuera un volcán en el momento más álgido de su erupción…  porque la música es capaz de hacer brotar los sentimientos más profundos y escondidos en los últimos repliegues de nuestras almas y de allanar las cimas más altas.
De los grandes maestros siempre se aprende. Y no dudéis que W. A. Mozart es uno de ellos y vuestro esfuerzo producirá frutos insospechados en estos momentos, y el tiempo dejará constancia de ello.  con una cascada musical de belleza singular y extraordinaria.
Muchas más cosas quisiera haber escrito en esta carta para "mis chicas y chicos" y no quiero dejarme en el tintero, que el desánimo es lo último que debe surgir en una sala de ensayos y menos, cuando se está aprendiendo la música del genio de Salzburgo. Y es que vosotros, queridos Reyes Magos, sois todo el prototipo de la búsqueda permanente de la luz de la estrella que en cada momento lanza ráfagas luminosas de muy diferentes matices. Y es que sigue siendo verdad el pensamiento de Marcel Marceau: “Música y silencio… Combinan fuertemente porque la música se hace con el silencio, y el silencio está lleno de música”.
Espero que además de presentar al Niño Dios, vuestros cofres de oro, incienso y mirra, le llevéis un cofre nuevo lleno de la música de Cantoría Hipponensis.
Euterpe, Musa de la música.

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