SEXUS, SEXUS, y SEXUS
De la lectura de las memorias de Luis Buñuel, aparte de la impresión de que era un tipo mucho más convencional de lo que, a la vista de sus películas, cabría esperar, recuerdo dos cosas que me llamaron la atención una, su particular fórmula, depurada a lo largo de muchos años de práctica, para preparar el “dry martini” de todas las tardes,  -tengo que reconocer que hasta que leí su explicación, yo ni siquiera sabía lo que era un “dry martini”-  y la otra,  una reflexión sobre la vejez y la sexualidad, en la que viene a decir, si no recuerdo mal, algo así como que una de las pocas cosas interesantes que proporciona la vejez, es la liberación de la tiranía del sexo.
  Y vaya que tiene que resultar tiránica, al menos para algunos, la cosa sexual, cuando pierden la cabeza de forma tan poco presentable, como ha ocurrido recientemente con el dueño mundial de la pasta. No sé hasta que punto será cierto eso de que persiguió desnudo a una muchacha de Ghana que, al parecer, no tenía la pobre ninguna gana de cohabitar con él, por la habitación de la pensión de a 3.000 pavos la noche, en la que moraba, dando ejemplo de austeridad y rigor presupuestario en estos tiempos de estrecheces.
  En los últimos años contemplamos como menudean los escándalos, pero seguramente no se trata de que haya más casos que en otros tiempos, o tal vez sí, pero de lo no cabe ninguna duda es de que, hoy en día, hay mucha más información, más transparencia. Vemos, como personajes de toda condición, algunos de ellos depositarios de una tan enorme responsabilidad, que resulta difícil incluso imaginar que puedan dormir por las noches, son descubiertos y denunciados por su desbocada actividad sexual. Recuerdo el caso de aquél importantísimo presidente que tuvo un “nosequé” con una colaboradora. Claro que, en este caso, no sé yo si no habría que considerar en su descargo, como eximente, lo fatalmente simbólico que resulta el nombre del lugar de los hechos: “el despacho oval” y no digamos el sugerente y premonitorio apellido de la parteneire, nada menos que “lenguisqui”. Qué duda cabe que estos factores tuvieron que influir en el desarrollo de los acontecimientos.          Personas  sorprendidas en situaciones que resultarían cómicas, si no fuera porque en ocasiones resultan lamentables, como la del político y banquero socialista, o incluso trágicas, como ocurrió con aquél actor representante en la pantalla de la personificación del autocontrol, que sin embargo lo perdió, y tuvo aquél tristísimo final en una solitaria orgía de noche de hotel, otra vez el hotel. A ver si va a ser mentira aquello de Sabina: “hotel dulce hotel” y hay que cambiarlo por: “hotel  triste hotel”. Al final, va a tener razón la monjita, con aquella sentencia suya confesada en el lecho de muerte a la madre superiora: Mire hermana madre, como en la casa de una…
    Por supuesto, no todo el mundo se comporta como estos personajes, de hecho creo que gran parte del personal, consigue comportarse a lo largo de su vida de una forma civilizada, eso sí, haciendo un esfuerzo “sobrehumano”, más que simplemente humano, pero también son muchos los casos como estos que comentamos. Sorprende comprobar como el género humano que, en su proceso de humanización, es decir de emancipación de su condición animal, ha sido capaz de de hacer proezas casi inimaginables, no haya sido aún capaz de aprender a gestionar su sexualidad de una forma menos desquiciada, más civilizada; no diré más natural, porque precisamente, la humanización consiste en separarse de lo natural, y lo natural en materia sexual fue, durante mucho tiempo, pegarle un garrotazo al vecino y robarle la hembra. Claro que, cuando las cosas son como son, es porque tal vez deban ser así, por no sé qué complejas razones de perpetuación de la especie y todo eso.
Creo que cuando Henry Miller dio título a su famosa trilogía, que tanto gustaba a un amigo mío, tal vez habría estado más atinado con la realidad si la hubiera llamado: “SEXUS, SEXUS y SEXUS”, que todo en la vida es sexo y los sueños sexo son.          

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