EL VERBO CORRUPTO
Si a alguien le parece oportuno utilizar “la gónada”, en el lenguaje coloquial,  como unidad de medida de la estima que siente por otra persona, pues vale, allá cada cual con las expresiones que utiliza en la intimidad. A mí me parece una expresión grosera, pero reconozco que yo soy muy estrecho para esas cosas, dicho sea entiéndaseme, desde el punto de vista estético, además de parecerme absurda y sin ninguna gracia. Pero insisto, en el habla coloquial, cada uno es muy suyo de expresarse como estime oportuno y conveniente, que diría el jefe. Otra cosa es llevar la métrica testicular a los programas de televisión, por ejemplo; en ese caso me parece absolutamente improcedente y destructor de las buenas maneras.
    Y qué decir si además, en ese contexto genital, se utilizan diminutivos y se hace referencia al alma para enfatizar la intensidad de la amistad, en ese caso resulta una mezcla indecente, dicho sea entiéndaseme bien, desde el punto de vista estético; qué le vamos a hacer, uno está acostumbrado desde pequeñito a ir de su corazón a sus asuntos, trayendo el alma a colación para expresiones de más enjundia,  compañero del alma, compañero. 
    Pero lo que me parece inadmisible es que, personas que representan a los ciudadanos, que además supongo han cursado estudios superiores, utilicen de forma incorrecta el lenguaje, por más coloquial y privada que sea la conversación que mantengan.
    Es comprensible y hay que aceptarlo con naturalidad y benevolencia que arrastremos defectos de expresión adquiridos en la más tierna infancia: “me se” “preveer” “sinos” “dijistes”, y es comprensible que, como todo lo que ha sido aprendido en la niñez, no resulten fáciles de erradicar, pero no es menos cierto que no es imposible hacerlo y sorprende, por no decir escandaliza, que una vez que esas personas han decidido dedicar su vida a la noble y desinteresada tarea, al sacerdocio me atrevería a decir, de servir a los ciudadanos desde la actividad política, no tengan la inquietud y sensibilidad que les impela a fijarse en la forma correcta de expresarse en su propio idioma, y hagan lo posible por corregir esos defectillos, teniendo en cuenta que, a menudo, han de hablar en actos públicos, dirigirse a sus compañeros de partido, a los colegas de la cámara, celebrar ruedas de prensa, hablar por la radio, o por la tele,  contestar a entrevistas, etc. Esto si que me parece patético.    

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