ALGO NAVIDEÑO… LA ALMENDRA DE LA NAVIDAD       (Pincha en las fotos para ampliarlas)
            Se suele hablar de “la almendra” como el meollo de algún asunto. Utilizando esa metáfora y haciendo un juego de palabras, podríamos decir que, en el área mediterránea y en materia de dulces navideños: “la almendra, es la almendra de la Navidad”. Turrones, mazapanes, peladillas, bombones e infinidad de almendrados se fundamentan en esta deliciosa semilla.
            Cuando se acerca el final del invierno y este empieza a coquetear con la primavera, un día sales a la carretera y de pronto exclamas: ¡Mira ya han florecido los almendros! El que entiende del asunto, hará el comentario que se viene haciendo desde tiempos remotos: Malo, luego vendrá una helada y se perderá la mitad de la cosecha. Pero el caso es que al final del verano, con helada o sin helada ahí estará la almendra para nuestro deleite.
            Hoy precisamente, oía mi programa de radio favorito en el que unos tertulianos comentaban sobre la importancia de aprender a disfrutar de las cosas pequeñas. A mí me ocurre eso con muchas facetas de la existencia. Aunque soy tan mal cocinero, como cantante, o guitarrista, eso no me impide disfrutar de la guitarra, del canto o de la cocina así que, me ha parecido que mi felicitación navideña de esta año, bien podía consistir en compartir con los que quieran leer este rollo, como disfruto yo de la Navidad, confeccionando un humilde pero muy rico dulce navideño que hago desde hace algunos años. Además en esta época de vacas famélicas, no está de más buscarse la vida.
            Por cosas de familia tengo desde años relación con nuestra comunidad vecina por sur: Murcia, lo que me ha permitido conocer el postre navideño por excelencia de esta tierra. Allí es típico que cuando se acercan las fiestas, se reúnen la mujeres de la familia ¿…?   y se ponen a la faena: Cascar, escaldar, pelar, secar y triturar  las almendras y una vez obtenida la almendra molida, manos a la obra para hacer los famosos              “cordiales”.
            Desde hace algunos años elaboro mi propia versión de los cordiales, en la que he introducido alguna variante, digamos de tipo tecnológico que, sin que el dulce pierda “la almendra” de sus  virtudes gustativas, resulta menos pringoso de elaborar.
            MEDIDAS
            Dejando de lado las medidas en peso, que es donde uno ya se rinde antes de empezar y deja la receta para mejor ocasión, yo utilizo como unidad de medida el “vaso de agua” Con estas medidas se obtienen al menos 36 unidades, que son las que admite una bandeja de horno y aún queda masa para hacer unos pocos más. 
            – 6 vasos de almendra molida bien colmados
            – 2 vasos de azúcar, a los que le falte un dedito.
            – Bote de cabello de ángel
            – 4 huevos de gallina campera. (*)
            – Ralladura de un limón de buen tamaño
            – Obleas.
            – Un huevo para pintar

            (*)Nota: También puede ser de los otros pero, parece ser, que a las camperas las trata un poco mejor el huevero. Por eso me gustan más.-            PROCESO
            En un recipiente que veamos que va a ser suficientemente grande, ponemos los cuatro huevos enteros (enteros pero sin cáscara, claro) y los dos vasos de azúcar. Batimos para diluir el azúcar. Añadimos los séis vasos de almendra y mezclamos hasta obtener una mezcla homogénea. La ortodoxia dice que se mezcle con las manos, pero yo lo hago con una cuchara sopera sin que enteren los de Murcia y no pasa nada.
           Cubrimos la bandeja del horno con obleas. A los vascos les gusta otro nombre más sonoro que yo me reservo para mejor ocasión. Ellos, por ejemplo, nunca dicen ¡Ahí va la oblea!    
Con ayuda de dos cucharas soperas vamos formando porciones del tamaño de una nuez grande, igual que cuando hacemos las croquetas, pero de forma aproximadamente esférica. No importa que las porciones no sean perfectas, pues la física, con sus extrañas leyes, ayudará a darles forma cuando estén en el horno. Fotos 1 y 2
            Con el mango de una cucharita o algún otro instrumento que tengáis a mano, se forma una oquedad en cada porción. Fotos 3 y 4     Introducimos en cada hueco una cucharadita de cabello de ángel. Foto 5
            Utilizando una cuchara pequeña y con ayuda de las yemas de los dedos  índice y pulgar cubrimos el cabello subiendo la masa de los laterales. Foto 6
            En último lugar pinto con huevo batido. Como se puede ver en la foto yo hago dos variedades, a unos les pongo media nuez y a otros no, así cada uno elige el que más le gusta. Foto 7
            Calentamos el horno a 180º e introducimos en la parte central. Cuando estén doraditos (aproximadamente 20 minutos después) los sacamos del horno y una vez fríos quitamos toda la oblea que les sobra. Foto 8.
             Y ahora a disfrutar de la Navidad y de las cosas pequeñas y sencillas
                                                   ¡FELICES FIESTAS!


 

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