Éste no es un libro para pasar un rato y olvidarse de los problemas cotidianos durante el tiempo de su lectura y, luego, si me acuerdo de algo, pues bien y si no pues también. Se trata de un libro de tesis, de una obra para ser leída con suma atención; casi diría que para ser estudiada y asimilar en todo lo posible su contenido. Es un libro denso pero interesante a más no poder.

En la presentación de la obra, el autor recurre a varias citas y entre ellas una de Ricardo Baroja y que es un buen compendio de lo que a continuación se trata y que no puedo menos que copiar: “Los bohemios madrileños tenían fobia por todos los países que se extienden más allá del Teatro Real y de la iglesia de San José”. O sea por todo lo que ocupa la España vacía, la España del interior. Los portugueses lo expresan de otra manera, pero de idéntica forma aclaratoria: “Portugal es Lisboa y el resto es paisaje”. Y de este paisaje español y de lo que se contiene en él o de lo poco que queda en él trata la presente obra.

El mundo urbano es la civilización y el resto parece no existir. Hemos reducido España a las grandes ciudades y a la orla marina y el resto del territorio ha pasado a ser poco menos que la nada. Y si en ese “desierto” queda alguien, ese alguien está pensando en marchar a la ciudad.

En la presente obra se estudia el fenómeno migratorio y su impacto en el mundo rural y urbano. La actualidad española es el resultado de este largo proceso migratorio. La España rural y vacía o que se está acabando de vaciar ha sido un tema tratado en la Literatura y hasta en el Cine, amén de los estudios socioeconómicos de cada momento. Pero no sólo se observa y estudia el hecho de la despoblación sino también la mentalidad de la cultura rural, de los hombres y mujeres que aún sostienen lo que queda de ese mundo rural (que tan bien nos mostró José Antonio Labordeta) y de los que fueron mundo rural y ahora son parte integrante de la cultura urbana, con todas sus frustraciones al comparar lo que fue su niñez y juventud y lo que ofrece hay en día la cultura urbana.

Ramón J. Sender, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Azorín, Unamuno, Miguel Delibes, Luis Buñuel, García Lorca y un largo etcétera se acordaron y se asomaron a ese vacío interior (cada uno a su manera) exponiendo la situación de ese inmenso territorio, buscando sus causas, proponiendo soluciones, etc. en trabajos muy meritorios y que el autor recoge de forma resumida.

El lector medio puede encontrar páginas un tanto áridas por la especialización del tema pero no debe desanimarse porque, incluso para los lectores más avezados, esta obra ha de ser tomada con paciencia y con grandes dosis de comprensión. Repito que no es una novela, pero traigo a colación esta obra porque merece la pena que sea conocida por el mayor número de lectores. La obra y su lectura se ha de tomar en pequeñas dosis porque de lo contrario se corta la digestión de lo leído. Poco a poco se digiere el contenido, casi diría terrorífico, de la situación real de España que no es la que se deduce o se saca de lo que se ve en TV porque este tema apenas sale o se toca. Y si por casualidad se trata, se hace de forma edulcorada. Vemos los pueblos porque con las autopistas, autovías y el AVE la gente ya no para en ellos y el viajero no cae en la cuenta de que esas localidades se hallan vacías porque su población ha desaparecido, ha emigrado a la ciudad o al extranjero, y, en el mejor de los casos, tan sólo se ven ancianos. Lea e infórmese, amigo lector, de lo que queda y de lo que se nos viene encima.

Y lo peor de todo: nadie mueve un dedo por corregir el actual y lamentable estado de cosas. Decía Francisco García Pavón en una de sus novelas: “Con fútbol, toros y televisión así gobierna cualquiera”. No se trata de ser pesimistas sino de ser realistas, aunque este realismo nos conduzca inexorable e indefectiblemente al pesimismo, pero quizá sea el conocimiento del problema el principio de la solución.

Juan J. Calvo Almeida.

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