Se trata de una comedia de locos que no lo están tanto como para no curarse. Son seis “locos” que tan sólo son unos maniáticos y ya se sabe que las manías no las curan los médicos aunque éstos sean siquiatras.

El caso es que la película empieza presentando a cada uno de estos personajes como personas normales pero que dejan de serlo tan pronto entran en contacto con una realidad que les provoque la reacción maniática.

Así pues tenemos a un señor que todo lo reduce a números aunque su profesión nada tiene que ver con el mundo de las matemáticas sino con el taxi. Otra de esa media docena es una profesional del laboratorio donde la asepsia es tal que ha contagiado a nuestra coprotagonista quien ha de estar limpia en todo momento. La tercera en cuestión es otra fémina cuya virtud consiste en repetir lo último de cada frase y que, profesionalmente, trabaja en un gimnasio dirigiendo sesiones de gimnasia.

La siguiente es otra señora cuya manía consiste en dudar de las acciones realizadas antes de salir de casa y que una vez en la calle necesita confirmar que ha apagado la luz, cerrado el gas, el agua, el frigorífico…El quinto elemento de este sexteto es un chico que no puede pisar una raya del suelo por lo cual camina de forma estrafalaria. Y, finalmente, un señor mayor se dedica a soltar a voz en grito cualquier inconveniencia, tacos incluidos, en el momento menos oportuno.

Y estos seis personajes se dan cita en la sala de espera de la consulta de un siquiatra que no ha llegado aún y cuya secretaria recepcionista está bastante a tono con los clientes de la consulta.

Tras la presentación y reunión de los personajes en la sala de espera empieza una interacción entre ellos que da por resultado situaciones totalmente inesperadas y cómicas. El espectador ríe y sonríe con los disparates de estos seis personajes muy bien construidos, bien conjuntados y mejor interpretados y cuando el patio de butacas espera que llegue el doctor o siquiatra, éste tampoco aparece. No obstante al espectador le esperan un par de sorpresas ya que de ninguna manera imagina cómo va a terminar el embrollo en el que se hallan metidos los personajes.

No es una gran película, pero sí con una gran dosis de simpatía e imaginación amén de una buena presentación e impecable actuación de los actores (ya sé que lo dicho antes pero merece la pena ser repetido). Podría pasar perfectamente por película de otra nacionalidad.

Es curioso que con un tema de tan corto recorrido, un escaso escenario y muy buena mano la película consiga que el espectador se centre en la problemática de estos seis personajes desquiciados y desquiciantes y se le pase el rato de proyección sin moverse en la butaca.

Película de interiores, la cámara rara vez se asoma a la calle y tan sólo por breves momentos; quizá sea ésta su genialidad: construir un guion y captar la total atención del espectador.

El film huele a obra de teatro, pero si es así se ha conseguido un trasvase muy meritorio.

Si alguien se atreve a visionar esta cinta le aseguro un buen rato de entretenimiento y diversión.

Juan J. Calvo Almeida.

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