Barry Seal fue una persona real, transformada en personaje y resucitada gracias a la industria cinematográfica. No es un personaje de épocas pasadas; casi podríamos decir que es de plena actualidad. Al menos su actividad sigue estando al día.

La cinta nos relata la peripecia de un piloto de la aviación civil que abandona la compañía en la que vuela porque la CIA lo contrata para efectuar vuelos sobre Centroamérica y fotografiar los campamentos de las guerrillas comunistas. Ha caído Somoza y los sandinistas se han hecho con el poder en Nicaragua.

El cartel de Medellín ve la ocasión: a la vuelta a EEUU. te llevas un cargamento de droga y, así, el viaje es completo y altamente beneficioso para el cartel y para Barry Seal. Tras la fotografía llegan los envíos de armas a la “contra” nicaragüense y la vuelta con el consabido cargamento. Los beneficios son cuantiosos: Barry Seal ya no sabe dónde meter el dinero. Hasta monta su propia escuadrilla de aviones ligeros para ampliar el negocio.

Armas y droga reportan cuantiosos beneficios, un auténtico río de dinero, a los que no está ajeno “el poder”. El film lleva en sus entrañas una crítica corrosiva contra el Estado americano. Son los tiempos de Ronald Reagan y Pablo Escobar entre otros. De modo que el espectador traslada inmediatamente esta actuación de Barry Seal a otro escenario más próximo a la actualidad: la guerra en Afganistán, los talibanes, Ben Laden, etc. Ha sido una repetición de la jugada en Nicaragua.

El papel protagonista lo desarrolla Tom Cruise de forma impecable. Le va el papel por su carita de niño bueno que nunca ha roto un plato. Hay momentos emocionantes, persecuciones aéreas trepidantes, momentos de tensión…vamos, que no se han privado de poner emoción a la cosa. El espectador no se aburrirá, asegurado. Entretenida y clarificadora.

Juan J. Calvo Almeida.

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