Leeré una vez más “En Nochebuena” el maravilloso texto de Wenceslao Querol, el poeta con nombre de calle y me emocionaré, una vez más, hasta el llanto no reprimido, con ese poema que me trasladará a las navidades de mi niñez, al recuerdo de mis padres, cuando me parecía que las cosas serían siempre así, inmutables.

Padres míos, mi amor! ¡Cómo envenena
Las breves dichas el temor del daño!
Hoy presidís nuestra modesta cena,
Pero en el porvenir . . . yo sé que un año
Vendrá sin Nochebuena.

Recordaré aquél puchero de Navidad, un poco mas postinero que el del resto del año, compartido con toda la familia reunida en casa de mis padres, nada de jamón de Jabugo -entonces, el que lo conocía, denominaba así al que ahora llamamos jamón ibérico- nada de mariscos, nada de “micuit”, nada de todas esas sofisticadas viandas de nuevo rico que, mas que satisfacción, producen cierta desazón por la competición que se establece para estar a la altura de los nuevos tiempos. Qué disfrute sencillo el de aquella relativa abundancia moderada y transitoria.

Recordaré la decoración de la casa de mis padres, obra de la más artista de mis hermanas, las piñas decoradas con purpurina y escarcha, las velas con lazos, pintadas de rojo con laca de uñas, colocadas de forma simétrica sobre el aparador del comedor salón.

Recordaré aquél ambiente reflejado en el extra de Navidad del TBO: la cesta de Navidad que llegaba a casa de la familia Ulises que había que devolver porque la dirección estaba equivocada, las artimañas para partir el turrón duro rompe-muelas, la escena del pavo huyendo despavorido del cuchillo -nunca mejor dicho lo de despavorido- o la perpetua ensoñación de Carpanta con la imagen del pollo asado, sin que nadie cuestionara si esas imágenes, la del pavo o la del pollo asado, eran degradantes para la dignidad animal.

Recordaré aquellos dulces de Navidad, celosamente custodiados por mi madre bajo llave hasta la llegada de los días señalados, cuando nadie se cuestionaba si la manteca utilizada para su fabricación era una grasa saturada o, lo que es aún peor, una grasa “trans” capaz de alterar tu fracción LDL del colesterol hasta cifras patológicamente elevadas, o si para confeccionar los turrones había sido preciso incautarse villanamente del producto obtenido mediante la salvaje explotación de unas obreras, recalcando esa doble condición femenina y obrera, a saber: las abejas

Recordaré aquella Navidad de postal de Ferrándiz, de caras iluminadas y sonrientes, en la que no se cuestionaba al niño Jesús, ni a la Virgen María, ni a Los Reyes Magos, cuando a nadie se le ocurría plantearse que era absolutamente necesario superar esta sociedad machista y patriarcal, ni que fuera preciso cambiar al niño por la niña Jesusa y a los reyes por la Reinas Magas; ese empeño por cargarse unos símbolos que, más allá de lo religioso, forman parte de nuestra memoria sentimental.

Recordaré el derroche de iluminación urbana que, comparada con la pobreza de la habitual de aquellos años, aún resultaba más atractiva, sin que nadie la cuestionara con hipócritas argumentos de ahorro de energía, cuando en realidad lo que se pretende es hacer desparecer toda manifestación festiva.

Recordaré aquellos años en los que cuando se decía: ¡Feliz Navidad para todos!, todas las personas, hombres y mujeres, se sentían incluidas, y a nadie se le ocurría pensar que ese genérico masculino para referirse al conjunto, significara menosprecio hacia las mujeres y que sustituirlo por expresiones tales como: todos y todas, niños y niñas, ciudadanos y ciudadanas, etc., nos haría más civilizados e iguales, y resolvería algún problema de convivencia, aunque fuera a costa de cargarse la economía del lenguaje, cosa que, desgraciadamente, no sólo no se ha conseguido sino que más bien, a la vista de las terribles cifras de la violencia, parece que el efecto ha sido el contrario.

Eso sí, mientras que la corrección política no lo prohíba, para no ofender la sensibilidad de los que no comparten esa entrañable afición, seguiremos cantando villancicos con la canora familia de Cantoría, como máximo estoy dispuesto a renunciar a aquello de “matarem un corderet per a tota la setmana

Y…… ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

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