El día 23 de diciembre de 2.016, Cantoría Hipponensis (acompañado en el evento por la Polifónica Scholapiarum, adscrito al Colegio Escolapias Valencia) se alían con la historia, al unir sus trayectorias a la iglesia de San Juan de la Cruz, antiguamente iglesia parroquial de San Andrés, una de las primeras que se fundó tras la conquista de Valencia por Jaime I de Aragón, sobre una antigua mezquita. Su configuración actual data, sin embargo, de entre 1602 y 1615 y su primera piedra la puso el Patriarca y arzobispo de Valencia Juan de Ribera.

Església de Sant Andreu (actual de Sant Joan de la Creu) de València en el plànol de 1704 de Tomàs Vicent Tosca

Lo más destacado es la decoración rococó de su interior, obras de Hipólito Rovira y de su discípulo Luis Domingo en la segunda mitad del siglo XVIII. Realizada en estuco, pero trabajado con una calidad excepcional, las recargadas formas plenas de ángeles, telas y vegetación parecen trepar por las paredes.

Después de haber estado cerrada durante 50 años abrió sus puertas en 2009 permitiendo disfrutar de su increíble restauración. Dicha labor ha sido llevada a cabo por la fundación “La luz de las imágenes”.

María Castaño y Juanjo Davalillo nos invitaron en la presentación del concierto al recorrido histórico desde el siglo XVI, pasando por Haendel, recorriendo distintos países. Hasta nuestro días.

Inició el concierto la Polifónica Scholapiarum, con unos temas de El Mesías de  G. F. Haendel, que hace días cantaron en el Palau en el tradiocional concierto participativo. Continuaron con una selección de villancicos de varios orígenes y geografías.

Cantoría Hipponensis, a su vez, hizo gala de su repertorio que abarca ejemplos de villancicos de muchos siglos, ofreciendo una selección de obras que incluyó piezas del Cancionero de Upsala, Aizpurúa, Spilman, Larrinaga, Bernardo Alvarez, Irvin Berling además de otras piezas populares anónimas españolas y sajonas, todo con el propósito de dar pinceladas musicales además de festivas.

Mis gratas impresiones sobre el concierto aún con mi escasa capacidad de crítica técnica, fueron corroboradas por varios entendidos a los que consulté, que me aseguraron que las actuaciones estuvieron en la línea que marca la trayectoria de ambos coros. Compactos, expresivos, afinados.

Como experiencia, fueron aflorando al desgranar de las canciones, nuestros más variados sentimientos. De la alegría expansiva, al ritmo cordial imitativo, recuerdos de infancia, imágenes de viejas películas. Creo que la mayor resonancia con el público la consiguió el pupurri de comerciales navideños, del turrón a las muñecas…

En resumen, un agradable preludio de las fiestas navideñas, en un marco incomparable, con unos actores entregados, hábilmente dirigidos por Carla Sanmartín Ganau e Inmaculada Burriel Montoro.

Felicidades a todos.

Miguel Arnal

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