EN CLAVE DE HUMOR
UNA DEMOCRACIA SILENCIOSA

Queridos compañeros y sin embargo, amigos de Cantoría:
Mi amor a los animales está en una fase previa al psiquiátrico  -camisa de fuerza incluida-  porque estoy a punto de montarles camitas confortables a los ratones y cucarachas. Ese, queridos amigos de Cantoría,  será el punto de inflexión  para reconocer que el cable suelto ya se hace visible para los demás y hay que proteger al grupo de un personaje potencialmente peligroso.
Eso sí, me la estoy diseñando yo porque no me gustan las que andan por ahí que no te dejan moverte y son feas y nada favorecedoras. ¿Quién habrá diseñado eso y, a saber, con qué aviesas  intenciones. . .? Porque ¿Cómo vas a sostener la carpeta de las partituras? ¿Y cómo vas a ir a las actuaciones fuera de la  Imagen Corporativa de Cantoría? Y sobre todo, ¿Cómo subes y bajas, con gracia, los escalones del escenario del Palau  sin los brazos, cuando, con ellos libres, ya te tienes que ayudar con los dientes?
En cuanto encuentro, zapineando, un programa sobre animales, me quedo a verlo hasta que se producen situaciones de sufrimiento, hambre, muerte o algo así, sobre todo causadas por la mano del hombre  -especie a la que pertenezco, a veces para mi desgracia-.
Hace unos días me encontré (en la televisión) con unas vacas "democrático-silenciosas" que me impresionaron mucho.
El grupo está pastando tranquilamente en una pradera con su laguito o su riachuelo cercano,  para la higiene y abrevamiento de la manada, pero algunas  -las más sabias por ser las más mayores-, perciben que la hierba se va a acabar pronto, dado que el espíritu placentero está pronto pero la carne hambrienta es débil, y se ponen a mirar a su alrededor analizando la situación. Fue curiosísimo. Después de su análisis, permanece mirando hacia el lugar  que percibe que pueda ser su próxima despensa.  La vaca en cuestión  se tumba y mira a su alrededor a ver qué pasa. Otra vaca hace lo mismo que la primera y así varias de ellas que se consideran con sabiduría suficiente para conducir al grupo a buenos pastos.
Todas las guías permanecen atentas a ver qué hace el resto de la manada y cuando ven que un grupo en mayor número que otros, mira persistentemente hacia un punto determinado, todas se levantan y emprenden el camino siguiendo a la elegida, sin más cuestión.
Esto, parece que no la convierte en la guía vitalicia, ni siquiera para varias elecciones de pasto. En la siguiente ocasión, puede ser otra la elegida con su propuesta. Me pareció un perfecto ejemplo de democracia silenciosa y responsable.
Si la elección es buena; todos contentos en el  pasto verde y las claras aguas. Si la elección es mala; se elige un nuevo guía sólo para el próximo almuerzo y así, no hay rencores ni odios y el daño se limita a un mal almuerzo.
Como no hay debate y no hay argumentos  -que ya se sabe que los carga el diablo-, la convivencia no se deteriora. Ellas (bueno, también  había " ellos" y ellitos, pero el periodista o investigador  las llamaba vacas, seguramente porque sería de esta nueva era de "pensadores" que ha decidido feminizar el mundo a costa, incluso del ridículo. ¿Por dónde iba?: Ah, sí.  Ellas se hacen colectivamente responsables de lo que le ocurra a la comunidad y no cortan ramas, para colgarlas apuntando hacia un sitio y dejando el bosque hecho un asco y tampoco se lanzan unas contra otras porque cada grupo mire hacia  un destino que nadie sabe si será bueno o malo,  ni luego se insultan porque el lugar elegido tenía pasto pero no agua . . . nada de eso: ellas, ellos y los "ellitos",  comen si hay pasto, beben si hay agua y si no, pues siguen a otra a otro lugar ,  a ver si hay suerte y parece que la suele haber porque  -EXCEPTO CUANDO INTERVIENE LA MANO DEL HOMBRE, ELLAS, ELLOS Y LOS  ELLITOS, SIGUEN SU VIDA PLACENTERA MANTENIENDO EL NÚMERO DE INDIVIDUOS QUE LA MANADA PUEDE SOPORTAR EN PERFECTA ARMONÍA.
Una vez llegada a este punto, me planteo ¿por qué no podemos los humanos (madre mía cuando se me ocurra investigar sobre esta palabra, lo que significa y a quién se la aplicamos), tener una democracia silenciosa, sin pancartas, mítines, odios irreconciliables, ideologías personales y planteamientos  que a  muchos componentes de la manada les importan un bledo y que luego desembocan en que el grupo victorioso lo que hace es decidir quién y cómo se come el pasto y se bebe el agua (y eso si hay. . .). Y, claro, cuándo la manada se da cuenta de que sólo hay pasto y agua para unos pocos, está demasiado débil para levantar la cabeza y mirar en otra dirección.
Pues aquí me tenéis con mis disquisiciones filosófico-político-gastronómicas, sin respuesta a mis propias preguntas. . . porque ¿realmente; me gustaría una democracia silenciosa con lo que me gusta hablar. . .?

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